|
<<<
EL TEATRO BRASILEÑO EN LA DÉCADA DEL 80:
LA BÚSQUEDA DE LA IDENTIDAD
André Carreira
Intentar establecer un panorama de la actividad teatral
brasileña es una tarea dificil, pues, dada la diversidad del contexto
cultural del Brasil y de sus dimensiones territoriales, no se puede hablar
de un teatro brasileño como un sistema homogeneo. Aun la unidad
linguística del país no posibilita la conformación
de una homogeneidad. São Paulo y Río de Janeiro concentran
gran parte de la producción teatral nacional y la circulación
de espectáculos oriundos del exterior. Otras ciudades, como Belo
Horizonte, Porto Alegre y Curitiba, también tienen una actividad
teatral significativa, pero, con una amplitud reducida se comparadas a
las dos primeras.
Pese a estas características podemos decir que la década
de los años 80 fue un período de transición. El país
se encontraba en transición de un régimen militar dictatorial,
que subsistió por veinte años, a un nuevo régimen
democrático, y el quehacer teatral brasileño, que estuvo
sometido a una fuerte e implacable persecusión por los organismos
de la represión, enfrentaba el tránsito en búsqueda
de nuevos caminos y prácticas.
Con la crisis del régimen militar los teatristas pudieron llevar
a la escena varias obras que estuvieron vetadas por los organismos censores.
Así, fueron puestas en escenas obras de autores conocidos por sus
posiciones políticas y por sus discursos de combate al autoritarismo.
Sin embargo este movimiento de retomada del espacio de crítica
política, que fue importante en los anõs 79 y 80 no significó
más que un gesto político tanto de parte de los teatristas
como del público, porque acto continuado las puestas en escena
que insistieron en reviver el discurso militante como foco central encontraron
una creciente falta de interés del público. La puesta en
escena de "Patética" de João Chaves, fue ejemplo
clave, pues, después de haber sido la obra más perseguida
por la dictadura, fue llevada a la escena en 1980 con dirección
de Celso Nunes y se constituyó en un absoluto fracaso de público.
En las palabras del investigador Yan Michalski "1979 había
sido una explosión de euforia, pero, lo que no era esperado fue
que justamente en el momento en que se liberaba de las restricciones (...)
el teatro fuera ingresar en la más graves crisis de creación"
(Michalski, 1985:85). Sin embargo, este análisis de Michalski toma
como foco un movimiento del teatro brasileño desconsiderando un
proceso más profundo que ya venia constituyéndose desde
tiempos anteriores.
El teatro de la Generación del 60 fue expresión de
un teatro políticamente comprometido con fuerte contenido social.
El Teatro Oficina y el Arena, expresiones cabales de aquel periodo, articularon
discursos teatrales en los cuales la enunciación ideológica
fue el eje fundamental. Esta práctica teatral militante se observó
tanto al nivel del lenguaje cénico como al nivel de las formas
y procedimentos de estructuración grupal. Los conceptos del director
Augusto Boal, que posteriormente fueron conocidos bajo el nombre de "Teatro
del Oprimido", empezaron a articularse en el seno de las prácticas
del Arena, mientras en el Oficina el director José Celso Martinez
Corrêa también proponia un teatro frontalmente combativo,
con puestas en escena como la de "O Rei da Vela" de Mario de
Andrade, que hacia la denuncia del capitalismo al mismo tiempo que proponia
la búsqueda de una teatralidad brasileña a partir de del
acto cultural de la "antropofagia".
Las experiencias de los años 60 tuvieron directa repercussión
en la década siguiente, pues, la situación política
adversa contribuyó con la reafirmación temática.
La existencia de la dictadura demandaba una postura de combate, pese a
que los teatristas estaban obligados a un sinuoso ejercicio de lenguaje
para traspasar las barreras de la censura.
La década del 70 vivió un intenso movimiento de grupos
teatrales que buscaron, a través de un teatro militante, actuar
en barrios carenciados o en asociación con sindicatos y asociaciones
de clase, dando continuidad a la tendencia militante, pero, incorporando
el concepto de trabajo cultural comunitario como eje de la actividad antes
que la agitación panfletaria que pareció impregnar la orientación
de experiencias como los Centros Populares de Cultura de la Unión
Nacional de Estudiantes (UNE) en los 60. Como lo apunta la investigadora
Silvana Garcia este movimiento entró en crisis por las dificultades
de mantenimiento económico y la falta de vínculos con las
comunidades en las cuales los grupos se instalaron.
En el proceso de ruptura con el modelo de la generación del 60
se inició, en la mitad de los años 70, con la eclosión
de nuevos grupos teatrales que adoptaron posturas de cuestionamiento a
través de un teatro carregado de crítica a la seriedad del
discurso teatral. La irreverencia del grupo carioca Asdrubal Trouxe o
Trombone, con su puesta enescena del Inspector General de Gogol y posteriormente
de Trate-me Leão, puede ser considerada una referencia en el cuestionamiento
del modelo teatral consagrado por la generación del 60. Si
bien es verdad que los miembros del Asdrubal estaban poco preocupados
con la apertura de una discusión sobre los caminos del teatro brasileño,
este grupo y otros como O Pessoal do Vitor, lograron establecer tal discusión
y contribuyeron decisivamente para la expansión del teatro de grupos
a lo largo del país, principalmente a partir de diversas giras
que realizaron.
Un dato fundamental de la década del 70 fue la presencia
de un gran número de compañias y directores extranjeros
en el Brasil, casi todas ellas invitadas a participar del Festival internacional
de Teatrao promocionado por la actriz/empresaria Ruth Escobar, dentre
ellas podemos citar la francesa Théâtre National Populaire
(1973), Bob Wilson (1974), Victor Garcia (1974), Jerzy Grotowski (1974),
los grupos españoles Els Joglars (1976), La Cuadra de Sevilla (1975)
y el Living Theatre en 1970 que vinoa a trabajar en conjunto con el Grupo
Oficina. (Garcia, 1990: 122). La presencia de esta diversidad de propuestas
teatrales en el mismo momento en que el teatro brasileño se encontraba
bajo una enorme presión contribuyó para que un intercambio
de experiencias que contribuyó con la renovación de los
discursos
La década del 80 fue el escenario donde se consolidaron propuestas
teatrales que discutian los modelos sesentistas y inauguraron un importante
periodo de renovación teatral en el Brasil.
La investigadora Silvia Fernandes afirma que "la marca más
evidente de la década del 80 fue el retorno a la expresión
individual del artista, en oposición a la tendencia de agrupamientos
de creación que marcara los años 70, la progresión
desta década definia un reflujo en la creación colectiva
y una orientación para el individualismo en la concepción
de los trabajos" (Fernandes, 1996:VII). La característica
presencia del director como generador del proyecto teatral superó
los objetivos colectivistas sin significar la completa pulverización
de las formas grupales. El director, en particular sus proyectos estéticos
adquirieron supremacia funcionando como referencia del período.
Eso implicó en un movimiento en busca de una nueva identidad para
el teatro brasileño.
La primera referência para comprender este proceso es la puesta
en escena de "Macunaíma" (1978) realizada por Antunes
Filho sobre la novela homónima de Mario de Andrade. Antunes Filho
articuló una forma de trabajo con el equipo de actores que posteriormente
dió origen a la estructura del Centro de Pesquisa Teatral que funciona
actualmente como uno de los principales centros de realización
teatral del continente.
El espectáculo Macunaíma, centrado en una visualidad libre
de recursos puramente efectistas, estaba apoyado sobre la figura de los
actores e indicó el camino seguido por Antunes Filho en los años
que se seguieron. En 1982, después de inúmeros viajes por
todo el mundo con Macunaíma el CPT estrenó Nélson
Rodrigues o eterno retorno inaugurando un nuevo abordage de la obra del
más importante dramaturgo brasileño del siglo XX. La dramaturgia
de Nélson Rodrigues fue sometida a una relectura que puso en evidencia
la estructura mítica del texto, superando así las lecturas
construmbristas y moralistas que eran realizadas de los textos rodriguianos.
Nélson Rodrigues o eterno retorno, una reunión de cuatro
diferentes obras de Nelson Rodrigues, apareció dos años
más tarde transformada en Nelson 2 Rodrigues, concentrando dos
obras Toda nudez será castigada e Álbum de Família,
y en 1990 en el espectáculo Paraiso Zona Norte, sobre las otras
dos obras A Falecida y Os Sete Gatinhos. Antunes consumió un ciclo
de diez años para completar la experiencia de escenificación
del contenido mítico de los textos rodriguianos. Es interesante
notar que en este período el CPT tambiém presentó
otros espectáculos que adquirieron repercusión por la propuesta
renovadora en lo que se refiere a la puesta en escena como por ejemplo
la adaptación de la obra de Guimarães Rosa A Hora e a vez
de Augusto Matraga (1986), que contó con la actuación de
Raul Cortez uno de los más grandes nomes del teatro y de la televisión
brasileña.
El trabajo realizado por Antunes Filho en la coordinación del CPT
tuvo repercusiones que van más allá de la simple secuencia
de puestas en escena exitosas. En el espacio del CPT se desarrollaron
una serie de investigaciones a nivel de los nucleos de cenografia, dramaturgia
y en particular el taller permanente de formación de actores que
están directamente relacionadas con la búsqueda de un "actor
brasileño" que fue y es una de las preocupaciones principales
del director. En los laboratorios del CPT Antunes articuló un nuevo
enfoque del trabajo actoral a partir de conceptos de la física
quántica como fundamentación de entrenamiento del actor
en busca de un ser humano total. El objetivo confeso del director es dotar
nuestro teatro de un nuevo actor.
El trabajo desarrollado en el CPT también funcionó como
catalizador de nuevos realizadores, y alimentó el panorama teatral
brasileño, a lo largo de la década del 80, con directores
como Ulisses Cruz y Bia Lessa.
Una expresión escencial del proceso de busca de identidad e afirmación
de la individualidad del artista fue la irrupción, en el final
de la década del 80, del director Gerald Thomas.
O teatro propuesto por Thomas partia de un claro "abandono del texto
dramático en cuanto foco de construcción del teatro (...)
la sustitución del texto por otros materiales como la luz, el objeto,
el cuerpo del actor el movimiento escénico y la interferencia de
la música definen focos alternativos de creación" (Fernandes,
1996: 263)
La construcción de espectáculos pautados por lo visual y
por lo sonoro, antes que por el sentido de la palabra, inauguraron una
corriente teatral que fue considerada como el "teatro-imagen",
pero, como lo apuntó da investigadora Flora Sussekind, este teatro
contó con una característica fundamental que fue la utilización
de los efectos sonoros y bandas de sonidos altamente significativas, constituyendo
una "voz narrativa".
No cabe dudas que estas propuestas cénicas significaron investigaciones
de identidad al buscar que el teatro brasileño estuviera en consonancia
con una teatralidad posmoderna fundada en el discurso de la fragmentación,
de la autoreferencia, de la parodia, y de la citación. El trabajo
de Thomas funcionó como el instrumento que instaló la discusión
sobre la cuestión del texto y el espectáculo. En la segunda
mitad de los años 80 el sistema teatral brasileño
vivió la polarización entre el teatro de imágenes
y el teatro de la palabra. El trasfondo de esta polémica fue la
necesidad de reconocimiento de la identidad. La fuerte presión
de la generación de los 60/70 marcaba el camino de los teatristas
en el sentido de posiciones más acordes con un teatro voltado para
su función social explicitada para objetivos sociales claros y
para un cuidado particular con la vehiculación de contenidos, del
otro lado se colocaron aquellos que buscaban crear una práctica
teatral apoyada en la investigación que partia de un cuestionamiento
amplio de nuestra tradición teatral.
La polaridad observada se estableció entre los que, como Antunes
Filho, centraron sus esfuerzos en la investigación acerca del actor,
y los que como Gerald Thomas trabajaron en la concepción del espectáculo
como globalidad sonoro-visual.
Esta polarización fue el referencial de las discusiones que cortaron
la segunda mitad de la década y pautaron actitudes, tanto de teatratistas
como de la crítica periodística.Un importante sector de
la crítica identificó en el teatro de Thomas un intento
por acercar nuestro universo teatral al contexto teatral mundial en una
suerte de aproximación al primer mundo teatral. Eso provocó
reacciones de diferentes clases y en gran medida obstruiu, en aquel momento,
las reflexiones e interpretaciones que solamente los primeros años
de la década de 90 permitieron.
Un proceso nuevo, tanto a nivel de la dramaturgia como
del fenómeno cénico, fue el surgimiento en la ciudad de
Rio de Janeiro, donde "un grupo de dramaturgos se impos con texto
ligeros, algo que en época anteriores seria llamado de "sketches"
cómicos del teatro de revista" (Guzik, 1992:10). Esta manifestación
recibió, despectivamente, el nombre de "besteirol", es
decir cosa tonta, dado que su estructura dramática se basaba en
la sátira inconsecuente, para consumo y digestión inmediata.
Sin embargo, el "besteirol" alcanzó repercusión
junto al público y posibilitó la apertura de un campo de
trabajo para un importante conjunto de nuevos autores. Sus espectáculos
cortos apoyados en el humor del texto y el histrionismo de los actores
proyectaron autores como Mauro Rasi y Miguel Fallabela. Esta experiencia
dramaturgica propuesta como algo superficial no dió respuestas
a la crisis autoral, pero, posteriormente los mismos autores del "besteirol"
caminaron en la dirección de construcciones textuales con elaboraciones
más sólidas conservando el humor y la sátira.
Una tendencia clara que recorrió toda la década fue la síntesis
entre autor y director. Autores como Naum Alves de Souza, Carlos Alberto
Soffredini, Mauro Rasi tomaron la tarea de poner en escena sus propios
textos mientras directores como Gerald Thomas, Bia Lessa deconstruyeron
el texto, lo rearmaron hasta el punto que fueron directa o indirectamente
los autores de sus propios textos.
Estos dos últimos forman parte del grupo de directores, entre los
cuales se pueden incluir Moacyr Goes y Marcio Vianna, que a partir de
la segunda mitad de la década dió vida a espectáculos
en los cuales se observa la diminución de la importancia del actor
y de la palabra.
<<<
|